René Gerómino Favaloro

// July 29th, 2009 // Escritos

rene_favaloroRené Gerónimo Favaloro nació en el Barrio “El Mondongo”, La Plata, un 12 de julio de 1923. Para aquellos que solo lo han escuchado nombrar, René Favaloro fue un gran médico cirujano torácico argentino, quien realizó el primer bypass aorto coronario en el mundo, y falleció un 29 julio de 2000.

Fundación Favaloro
Luego de vivir muchos años en Estados Unidos y trabajar con prestigiosos médicos del país, el doctor decicidió volver a la Argentina en 1971, regresó con el sueño de desarrollar un centro de excelencia similar al de la Cleveland Clinic (EE.UU), que combinara la atención médica, la investigación y la educación.
Con este objetivo creó la Fundación Favaloro en 1975 junto con otros colaboradores. Dentro de sus mayores orgullos, se encuentra el haber formado más de cuatrocientos cincuenta residentes provenientes de todos los puntos de la Argentina y de América latina (Alumni). Elevó el nivel de la especialidad en beneficio de los pacientes mediante innumerables cursos, seminarios y congresos organizados por la Fundación, entre los que se destaca Cardiología para el Consultante, que tiene lugar cada dos años.

En 1980 Favaloro creó el Laboratorio de Investigación Básica -al que financió con dinero propio durante un largo período- que, en ese entonces, dependía del Departamento de Investigación y Docencia de la Fundación Favaloro. Luego, pasó a ser el Instituto de Investigación en Ciencias Básicas del Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas, que dio lugar, en agosto de 1998, a la creación de la Universidad Favaloro.

En el año 1992 se inaugura en Buenos Aires el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, entidad sin fines de lucro. El lema del Instituto es: “tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico” se brindan servicios altamente especializados en cardiología, cirugía cardiovascular y trasplante cardíaco, pulmonar, cardiopulmonar, hepático, renal y de médula ósea, además de otras áreas. Fue allí donde Favaloro concentró su obejtivo, rodeado de un selecto grupo de profesionales.

Hizo hincapié en la prevención de enfermedades, enseñando a sus pacientes las reglas básicas de higiene que contribuyeran a disminuir enfermedades y la tasa de mortalidad. Con ese objetivo se desarrollaron en la Fundación Favaloro estudios para la detección de enfermedades, diversidad de programas de prevención, como el curso para dejar de fumar, también se hicieron varias publicaciones para el público en general a través del Centro Editor de la Fundación Favaloro, que funcionó hasta 2000.

Suicidio
En el año 2000 la Argentina se encontraba sumergida en una crisis económica y política. La Fundación Favaloro estaba endeudada por unos US$ 75 millones, por lo que Favaloro pidió ayuda al gobierno sin recibir una respuesta oficial. También pide ayuda a sus allegados y al director del diario La Nación. El 29 de julio de ese mismo año toma la decisión de quitarse la vida de un disparo al corazón. Tiempo después de su muerte, se supo que había enviado una carta al entonces Presidente de la Nación el Dr. Fernando de la Rúa la cual nunca había sido leída y en la que expresaba su cansancio de “ser un mendigo en su propio país”, en la misma le solicitaba ayuda para recaudar fondos para la Fundación. Por otro lado, expresaba que la sociedad argentina necesitaba su muerte para tomar conciencia de los problemas en los que estaba envuelta.

Carta a Fernando de la Rúa
Te escribo estas líneas porque nuestra Fundación está al borde de la quiebra. Tenemos emergencias ineludibles que deben solucionarse en los próximos días. Necesitamos alrededor de 6 millones de pesos.

No tengo conexiones con el empresariado argentino. A veces choco con algunos ‘peces gordos’ como Amalita o Goyo Perez Companc. Por eso, uno de los pedidos que te hice en nuestra última charla era que utilizaras tu influencia para conseguir la ayuda que tanto necesitamos.

En fin, te ruego que influyas para conseguir una donación urgente, creo que es el camino más corto. Perdonáme por el pedido. Te escribo desde la desesperación. Nunca en mi vida estuve tan deprimido.

Con el afecto de siempre…

Carta al Director del Diario La Nacion
Estoy pasando uno de los momentos más difíciles de mi vida. La Fundación tiene graves problemas económico-financieros. Se nos adeuda 18 millones de dólares y se hace cada vez más difícil sostener nuestro trabajo diario, que como siempre se brinda a toda la comunidad sin distinción de ninguna naturaleza, con tecnología de avanzada y personal altamente calificado.

Le envío una nota que destaca algunos hechos recientes; vea cómo se me trata en el mundo, en contraste con lo que sucede en mi país. Me refiero a aquellos vinculados al quehacer médico. La mayoría de las veces un empleado de muy baja categoría de una obra social –gubernamental o no- o de PAMI ni contesta mis llamados.

En este último tiempo me he transformado en un mendigo. Mi tarea es llamar, llamar y golpear puertas para recaudar algún dinero que nos permita seguir con nuestra tarea.

Sólo quiero decir que el final se acerca de a poco. No es para que te asustes, pero todo está consumado, y siento que estoy solo en esta sociedad, realmente, de mierda.

Carta a sus allegados
Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.

No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil, pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía.

El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de mano. Sólo espero que no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.

Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en Estados Unidos se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo que es cierto. Espero que me recuerden así.

A mi familia, en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.

Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo.

Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles. Un abrazo a todos.

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